Nuestro viaje comienza en San José, desde donde emprendemos una ruta que nos llevará desde el corazón del Valle Central hasta las exuberantes llanuras del Caribe norte. En pocos kilómetros cambiaremos completamente de paisaje: dejamos atrás el ambiente urbano de la capital para internarnos en uno de los escenarios naturales más impresionantes de Costa Rica, el Parque Nacional Braulio Carrillo.
La carretera asciende por las montañas de la Cordillera Volcánica Central y, mientras avanzamos por la Ruta 32, comenzamos a comprender por qué esta región es considerada una de las grandes reservas de bosque del país. A ambos lados de la carretera aparecen enormes paredes cubiertas de vegetación, árboles, helechos, bromelias, palmas y una interminable sucesión de tonos verdes. Estamos atravesando un territorio extraordinariamente húmedo, donde las montañas capturan la humedad proveniente del Caribe y alimentan innumerables ríos y quebradas.
Braulio Carrillo posee una extraordinaria riqueza biológica. El parque protege más de 44.000 hectáreas y comprende un impresionante gradiente altitudinal, desde las montañas cubiertas de bosque nuboso hasta las tierras bajas cercanas a la llanura caribeña.
En determinados puntos del recorrido, cuando las condiciones atmosféricas son favorables, podremos intentar localizar algunos de los grandes protagonistas del paisaje. Hacia determinadas posiciones puede aparecer, a la distancia, la silueta del volcán Turrialba, mientras que el Cacho Negro, una antigua estructura volcánica cubierta por una exuberante selva, domina parte del paisaje de Braulio Carrillo.
También encontraremos uno de los elementos más característicos de esta ruta: el Río Sucio. Su particular coloración café-amarillenta no significa que sus aguas estén contaminadas. Se debe principalmente a los materiales y minerales de origen volcánico que transporta desde las montañas. Es uno de los paisajes más singulares de la Ruta 32.
Mientras descendemos hacia las tierras bajas, el paisaje vuelve a transformarse. Las montañas comienzan a abrirse y aparecen las extensas llanuras de Sarapiquí. Aquí la temperatura aumenta, la vegetación adquiere características propias del bosque tropical muy húmedo y el agua se convierte nuevamente en uno de los grandes protagonistas de la región.
Nuestra siguiente parada será el Río Sarapiquí. Desde el muelle municipal iniciaremos una navegación tranquila, diseñada especialmente para disfrutar del paisaje y buscar animales en las riberas. La navegación nos permitirá observar el río desde una perspectiva diferente y descubrir cómo este corredor acuático se encuentra íntimamente relacionado con el bosque que lo rodea.
Con un poco de suerte podremos encontrar monos carablanca, monos aulladores, iguanas, caimanes o cocodrilos, garzas, martines pescadores y otras aves acuáticas y ribereñas. La observación de fauna siempre dependerá de las condiciones del río, el clima, la época del año y, sobre todo, del comportamiento de los animales.
Pero el Río Sarapiquí no es solamente un recurso natural. Es también un río profundamente ligado a la historia de Costa Rica. Durante la Campaña Nacional de 1856-1857 tuvo una importancia estratégica como vía de comunicación y transporte, y la región fue escenario de acontecimientos relacionados con la defensa del territorio nacional. Por su importancia histórica, el Río Sarapiquí ostenta la condición de Monumento Nacional, vinculada especialmente a los acontecimientos de la Campaña Nacional y a la batalla de Sardinal de 1856.
Esta combinación de naturaleza e historia hace que navegar por sus aguas sea mucho más que una actividad de observación de fauna: es recorrer un escenario que ha sido testigo de momentos fundamentales de la historia costarricense.
Después de nuestra navegación continuaremos hacia uno de los lugares más especiales de Sarapiquí: la Reserva Biológica Tirimbina.
Aquí nos espera el bosque tropical lluvioso. Tirimbina protege aproximadamente 345 hectáreas de bosque y desarrolla un modelo que integra conservación, investigación científica, educación ambiental y ecoturismo.
Acompañados por un guía naturalista recorreremos los senderos de la reserva, aprendiendo a interpretar los sonidos, las formas, los colores y las relaciones ecológicas que caracterizan este ecosistema. Uno de los momentos más espectaculares será atravesar el puente colgante de 264 metros de longitud que cruza sobre el Río Sarapiquí, desde donde podremos contemplar el río y el bosque desde las alturas.
Después del recorrido tendremos tiempo para disfrutar del almuerzo en este entorno privilegiado y descansar rodeados por la naturaleza.
Tirimbina es, en definitiva, mucho más que un sitio para caminar por el bosque. Es un verdadero laboratorio natural donde la conservación y el turismo trabajan juntos. La reserva cuenta con registros de más de 3.300 especies de plantas y animales, reflejo de la extraordinaria biodiversidad de esta región.
Nuestro viaje desde San José hasta Sarapiquí habrá sido, entonces, un recorrido por varios de los grandes paisajes de Costa Rica: las montañas de Braulio Carrillo, los volcanes y sus antiguas estructuras, los ríos que nacen en la cordillera, las llanuras tropicales y finalmente el majestuoso bosque lluvioso.
Y cuando emprendamos el regreso hacia San José, llevaremos con nosotros algo más que fotografías. Habremos recorrido un territorio donde la geología, el agua, la biodiversidad y la historia nacional se encuentran en un mismo paisaje: el extraordinario mundo de Sarapiquí.
CR₡ 45.000°° P/Persona








Turrialba
CR₡ 43.000°° 2° Persona
CR₡ 41.000°° 3 +


Monumento Nacional








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